El reloj de oro y el peine

Por Otro Monitor
0 comentarios
0 favoritos
10973 visitas

-

0 valoraciones


Desarrollo

Dos hermosos jóvenes que vivían en un pueblecito de leñadores se hicieron novios cuando ella tenía trece años y él dieciocho. Él era alto, esbelto y musculoso. Ella era rubia, y de pelo tan largo, que le llegaba hasta la cintura.           

La historia cuenta que cuando ella tenía dieciocho años y él veintitrés, el pueblo entero se puso de acuerdo para ayudar a que ambos se casaran y les regalaron una cabaña, con una parcela de árboles para que él pudiera trabajar de leñador.
          

Cuando se acercó el día del primer aniversario ella sintió que debía demostrarle su profundo amor. Y pensó hacerle un regalo que significara eso.
           Decidió bajar al pueblo para ver qué podía encontrar allí pero por mucho que caminaba no encontraba nada que fuera tan importante y que ella pudiera comprar con las monedas que tenía.           

Al pasar por una joyería, vio una hermosa cadena de oro y entonces recordó que había un solo objeto material que él adoraba verdaderamente, y que él consideraba valioso. Se trataba de un reloj de oro que su abuelo le había regalado antes de morir.
           Desde pequeño, él guardaba ese reloj en un estuche de gamuza, que dejaba siempre al lado de su cama. Todas las noches abría la mesita, sacaba el reloj, lo lustraba, le daba un poquito de cuerda, se quedaba escuchándolo hasta que se terminaba, lo volvía a lustrar, lo acariciaba un rato y lo guardaba nuevamente en el estuche.           

Ella pensó: "Que maravilloso regalo sería esta cadena de oro para aquel reloj". Entró a preguntar cuánto valía y era mucho más dinero del que ella había imaginado. Hubiera tenido que esperar tres aniversarios más para poder comprárselo. Pero ella no podía esperar tanto.
          

Salió del pueblo un poco triste, pensando qué hacer para conseguir el dinero necesario. Pensó y pensó, hasta que, al pasar por la peluquería del pueblo vio un cartel que decía: "Se compra pelo natural". Entró a preguntar y el dinero que le ofrecía sí alcanzaba para comprar una caja donde guardar la cadena y el reloj.
          

El día del aniversario,
esperó el momento en que él solía regresar y a diferencia de otras veces, que iluminaba la casa cuando él llegaba, esta vez, puso sólo dos velas y se colocó  un pañuelo en la cabeza.
          

Cuando él llegó, se abrazaron muy fuerte, se dijeron lo mucho que se querían y  entonces ella sacó la caja de madera que contenía la cadena de oro para el reloj. Él fue al ropero y extrajo de allí una caja muy  grande que había llevado mientras ella no estaba.
          

La caja contenía dos enormes peinetas que él había comprado... vendiendo el reloj de oro del abuelo.
          

Si ustedes creen que el que el amor es sacrificio, por favor, no se olviden de esta historia. El amor no está en nosotros para sacrificarse por el otro, sino para disfrutar de su existencia.
          

Si te amo, lo mejor que puedo hacer es trabajar para construir la manera en  la que los dos vivamos juntos el mayor de los placeres: el encuentro. Un encuentro donde tu sepas que estoy a tu lado porque te quiero y te prefiero; y donde yo sepa que estoy a tu lado porque te quiero y te prefiero: y donde yo sepa que estás a mi lado porque, me has elegido a mí para estar contigo.
                           


Extraído del libro "De la autoestima al egoísmo"
                                                                               Jorge Bucay    

Se rumorea... se comenta...

No hay comentarios, ¿qué te parece si decimos algo?

Hay quien dice que también se puede hacer así...

No hay variantes, ¿nadie conoce más formas de hacerlo?