La piedra para Sopas

Por Otro Monitor
0 comentarios
0 favoritos
1157 visitas

-

0 valoraciones


Desarrollo

Un buen día un desconocido llamó a la puerta de una de las casas del pueblo. La mujer se sorprendió cuando el desconocido, un hombre de muy buen ver, le pidió algo de comer.

 -“Lo siento” –le contestó-. “Ahora mismo no tengo nada en casa”.

-“No se preocupe” –le dijo el desconocido con amabilidad-.

“Tengo esta piedra para hacer sopas. Si me proporciona una olla, le prepararé la sopa más deliciosa que jamás haya probado. Déjeme, a poder ser, el puchero más grande que tenga”.

La mujer sintió una enorme curiosidad. Puso el puchero al fuego y mientras el desconocido puso manos a la obra, fue a contarle la historia a la vecina de al lado. Cuando el agua rompió a hervir, todo el vecindario se había acercado hasta su cocina para ver al hombre misterioso y su peculiar piedra para sopas.

El hombre echó la piedra al agua hirviendo y después probó  una cucharada de la sopa.

Con un evidente gesto de placer, exclamó: -“Madre mía, ¡qué delicia! Sólo hacen falta unas patatitas y estará estupenda”.

 -“Yo tengo patatas en la cocina” –exclamó la mujer. Al cabo de unos minutos volvió con un plato a rebosar de patatas en rodajas, que el improvisado cocinero enseguida añadió al puchero.

Una vez añadidas las patatas, el desconocido volvió a probar la sopa.

 -“!Excelente!” –afirmó-“ Pero con un poco de carne estaría incluso más sabrosa”.

 Dicho y hecho. Otra mujer salió escopetada a buscar unos trozos de carne. Al volver la señora, el desconocido le dio amablemente las gracias y los añadió al caldo. Entonces, probó la sopa una vez más y exclamó:

 -“Umm, ¡está exquisita! Si al menos tuviésemos unas verduritas, estaría perfecta, sencillamente perfecta”.

 Y una vez más, sus deseos fueron órdenes. Otro de los vecinos corrió hasta su casa y volvió con unas zanahorias y unas cebollas. Después de añadirlas al puchero el desconocido volvió a probar la sopa y acto seguido afirmó, con autoridad:

-“Sal y pimienta”.      
 
-“Aquí tiene” – le ofreció una señora. Y después de sazonar la sopa, el desconocido dio la que sería su última orden:

 - “Ahora, señores, necesitamos cuencos para todos”.

 Nada más oírle, todos corrieron a sus casas a por unos cuencos para comer la sopa. Algunos incluso trajeron pan y fruta. Ya de vuelta, fueron tomando asiento mientras el desconocido servía generosas raciones de deliciosa sopa.

Todos sintieron una extraña alegría al compartir anécdotas y chistes durante su primera comida juntos.
En medio del festín, entre risas e historietas, el desconocido salió de puntillas del comedor, no sin antes dejar sobre la encimera la misteriosa piedra, de manera que pudieran utilizarla en el futuro para hacer la sopa más sabrosa del mundo.

ANTHONI DE MELLO

Se rumorea... se comenta...

No hay comentarios, ¿qué te parece si decimos algo?

Hay quien dice que también se puede hacer así...

No hay variantes, ¿nadie conoce más formas de hacerlo?